Hoja Parroquial - Encuentro Nº 198

17/01/09
Carta del Párroco

Queridos amigos

El relato de Mateo sobre los Reyes Magos (Mt 2, 1-12) da lugar a muchas interpretaciones. La principal, que es una epifanía o manifestación extraordinaria de que el Niño que ellos buscan es el Rey y Mesías prometido. Es la interpretación que da la Iglesia, que es sin duda lo que el mismo Mateo se propuso al escribir este relato o midrash. Como ocho siglos antes, el profeta Isaías había dicho, refiriéndose al Mesías que él entrevió: “Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor (Is 60,6).

Sobre la base de ese texto y con los datos aportados por miembros de la primera comunidad cristiana, Mateo elabora el relato de los Reyes Magos. Es lo que hará otras muchas veces Mt 1,23; 2,18; 4,4.6.8.15;11,10; 12,7; 18,21), llevado de su deseos de hacer ver a los judíos  que Jesús es el Rey y Mesías prometido, pues en Él se cumplen las profecías. Sin negar la historicidad del suceso, es innegable que el relato de Mateo es simbólico en gran parte de sus detalles. Simbólico, y conteniendo una aguda descripción psicológica, social y política de la gente y del ambiente que rodea a Herodes, cuando los Reyes Magos llegan a Jerusalen buscando al rey recién nacido (Ver (Mt 2, 3-10).

Lo que sucedió cuando los Reyes entraron donde el bebe Jesús estaba con María y cayendo en tierra lo adoran y le ofrecen sus regalos, es el summun del relato y de la epifanía que encierra, además de ser conmovedor y aleccionador. ¡Tremendos hombrones, sabios y santos, doblando su espinazo ante Jesús y reconociéndolo por su Dios y Señor! Al mismo tiempo que le ofrecen oro como a Rey, incienso como a Dios y mirra (resina medicinal aromática y amarga) como a hombre que ha de padecer. Del relato es fácil deducir lo que nos corresponde hacer a nosotros: ante todo reconocer a Jesús como a nuestro Rey y Señor y ponernos a su entera disposición, dándole nuestro tiempo (el oro), nuestro ego (el incienso) y nuestra salud (la mirra).

Ciertamente, el relato de Mateo sobre los Reyes Magos, cumple su propósito de hacer ver que el Rey y el Reino prometidos a David, se realizan en Jesús. Con todas sus consecuencias. Pero, como dije al inicio, aún siendo ésta su principal interpretación, hay otras muchas. La más importante es la que ve en los Reyes Magos, no judíos y de todas las razas, el llamado universal de Dios a la fe y la salvación en Jesucristo. En ellos están representados todos los hombres y mujeres del mundo, que ven y siguen la estrella de la fe en Jesucristo.

Por lo dicho, junto con la Fiesta de los reyes Magos, hoy celebramos, el Día del nacimiento de la Iglesia Misionera. De nuestro nacimiento a la fe y la vida en Cristo. Sólo nos resta dar los pasos que ellos dieron para encontrar, adorar a y llevar a otros a Jesús.

 

Noticias

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AGENDA DE ENERO (1ª Quincena)
01  Sta. María, Madre de Dios y Reina de la Paz
02  1º Viernes: Corazón de Jesús, 11.00 Misa y Adoración Santísimo
04  Domingo Epifanía del Señor: Los Reyes Magos
06  Consejo Pastoral Parroquial hrs. 7.30. Evaluación PPP 2008, traerlo.
12  Curso de Formación de Catequistas: Inscripción en secretaría

RENOVACIÓN DEL RESPONSABLE NACIONAL DE LOS CARISMÁTICOS
Se la llevará a cabo este domingo 4, con la Misa de Unción que empezará a las 3 de la tarde. La nueva Responsable Nacional es la Srta. Gloria Herrera, mujer joven, sencilla y llena del Espíritu Santo. Se espera una gran concurrencia de carismáticos y simpatizantes, en los que el Espíritu del Señor derramará sus dones y carismas.

PRIMERA MISA DEL NEOSACERDOTE P. JOSE LUIS FIGUEROLA TAMAYO
Será el jueves 8 a las 7.30 de la noche. El P. José Luis es hijo de la querida y llorada Teresa Tamayo, y muy identificado con nuestra parroquia. Es por ello que ha querido celebrar aquí su Primera Misa. Se espera que le acompañemos muchos a dar y pedir gracias al Señor. Después de la Misa habrá el acostumbrado besamanos, un saludo y un compartir en el salón parroquial.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE CUENTOS “LA HADA AZUL”, que, con amor y arte, escribiera Teresita Tamayo, mamá del neosacerdote P. José Luis. Es un libro póstumo, que los hijos han querido editar como recuerdo y homenaje a la mamá. Y porque realmente es un hermoso libro de cuentos para niños. Se augura una gran demanda del libro, un porcentaje de cuya venta será a beneficio de las vocaciones de la parroquia. Colabore y recréese con una buena lectura.

DEL 13 AL 27 DE ENERO NO HABRA LA MISA DIARIA DE 6.30 p.m.
Salvo el miércoles 21. La razón es porque en esos días los Padres se turnan para poder  tener su Retiro Espiritual anual. Gracias por su comprensión y oraciones.

NECESITAMOS CATEQUISTAS.
Si Ud. se anima a serlo, la Parroquia se encargará de prepararlo y cubrirá gustosa todos los gastos de inscripción y materiales. Los requisitos son:
1. haber cumplido 18 años,
2. estar confirmado y participar en las actividades y/o cultos de la Parroquia.
3. participar en la Escuela de Catequistas de El Pilar (29.01 a 02.03).
4. inscribirse antes del 19 en Secretaría, donde le darán mayores Informes

CONSEJO PASTORAL PARROQUIAL.
Se lo llevará a cabo el Martes 6, a las 7.30 de la noche, con la asistencia como siempre del Coordinador y de un Delegado de cada Grupo Pastoral. Asunto principal: la evaluación del Proyecto de Trabajo de la Parroquia 2008 Se les recuerda llevar el Informe del mes de Diciembre 2008.

Tema

MENSAJE POR LA PAZ DEL PAPA BENEDICTO XVI

“Combatir la pobreza, construir la paz” es el tema del Mensaje que el  Santo Padre Benedicto XVI dio en la Jornada de la Paz, el 1º de enero. Son particularidades: el enfoque global que da a la pobreza (“visión amplia y articulada”), la profundidad humana y evangélica del análisis y el anticipo como primicia de algunas de las ideas de la Encíclica Social, que está preparando. El tema lo desarrolla en 2 partes mas una Conclusión a lo largo de 16 páginas. El Papa invita luego a una cruzada contra la pobreza material e inmaterial, pues “hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales” (como la marginación, la pobreza relacional, moral y espiritual…)
La primera parte del Mensaje se titula “Pobreza y consecuencias morales”. En ella el Santo Padre hace ver que no es por reducir la pobreza el que cada año se extermine a millones de niños no nacidos; o se hacen campañas de políticas contrarias a la vida para enfrentar enfermedades pandémicas, sobre todo la malaria, la tuberculosis y el SIDA; o se reducen cultivos, etc. Lo que las naciones pobres necesitan es que se pongan en sus manos las medicinas y los tratamientos necesarios… Y ya que “casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños” deberá ser prioritario el cuidado de las madres, el compromiso educativo, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguarda del ambiente y, sobre todo, el compromiso en defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones entre sus miembros. Luego denuncia “el actual nivel global de gasto militar” y la actual crisis alimentaria y financiera…. “Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación: beneficios más bajos y precios más altos”.
La segunda parte del Mensaje tiene como tema “Lucha contra la pobreza y solidaridad global”. Contiene una serie de reflexiones y propuestas sobre la globalización, el comercio internacional, la actual crisis financiera y alimentaria, y la necesidad de un gobierno mundial bajo el signo de la solidaridad. “La marginación de los pobres del planeta desaparecerá cuando todo hombre se sienta personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas”. El Santo Padre da algunas sugerencias para una eficaz lucha contra la pobreza: cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico, establecimiento de un marco jurídico eficaz para la economía; creación de instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad; inversión en la formación de las personas y el desarrollo integral de una cultura de la iniciativa; el aumento de la renta per capita; el “situar a los pobres en el primer plano…”; la necesidad de gobernar “con prudente sabiduría” el fenómeno de la globalización…
En la conclusión el Mensaje subraya cómo “en el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos, antes o después pasan factura a todos. Benedicto XVI concluye con una invitación “a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, a ensanchar su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro”. (S. L. Agencia Fides)

VATICANO - Mensaje del Santo Padre para la Jornada de la Paz 2009: “La lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano”

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Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz
Combatir la pobreza en clave global, indispensable para la paz
 
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 11 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro del mensaje del Papa Benedicto XVI para la próxima Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2009, y que ha sido hecho público hoy por la Santa Sede en rueda de prensa.


Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI
Para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz
1 enero 2009
“Combatir la pobreza, construir la paz”

 
 
1. También en este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. "Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial"[1].
2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.
En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado "subdesarrollo moral"[2] y, por otra, en las consecuencias negativas del "superdesarrollo"[3]. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como "pobres", el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera "ecología humana"[4], se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.
Pobreza e implicaciones morales
3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos [5] y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.
4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del país. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.
5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.
6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, "los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26)"[6].
Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz"[7]. Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.
7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.
Lucha contra la pobreza y solidaridad global
8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global[9], tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un "código ético común"[10], cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es "signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano"[11], continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.
9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones
10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].
11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.
12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil[13].
13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización "se presenta con una marcada nota de ambivalencia"[14] y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.
Conclusión
14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de "abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido". "Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos"[15]. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.
15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales[16]. Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el "amor preferencial por los pobres"[17], a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).
"Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde", escribía León XIII en 1891, añadiendo: "Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo"[18]. Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo[19], sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: "Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer" (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando "sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad"[20]. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual "combatir la pobreza es construir la paz".
Vaticano, 8 de diciembre de 2008
 

BENEDICTUS PP. XVI


[1] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, 1.
[2] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 19.
[3] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 28.


Archivo de la Hoja Parroquial

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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
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