Hoja Parroquial - Encuentro Nº 192

20/11/08
Carta del Párroco

Queridos amigos:

En vísperas de la Fiesta de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa, quiero empezar esta carta con el saludo del arcángel Gabriel: Dios te salve, María… El arcángel venía a anunciar a María el Plan de Dios para la salvación del mundo, y quedó extasiado al verla, sin palabras, hasta que al final acertó a decirle Ave María.... ¡Qué contraste entre la pequeñez de la Virgen y la grandeza en que Dios la tenía! Le pasó lo mismo a su parienta Isabel, que, al verla, no dejó de abrazarla y de gritar “¡Bendita tú entre todas las mujeres…!”

Pienso que debiera ser esa nuestra actitud hacia María. Mirarla y contemplarla con el corazón lleno de gozo y de asombro. Para prorrumpir luego en alabanzas. Y que debiera ser así nuestra oración del avemaría, poniendo cariño, admiración y súplica, en cada palabra. Lamentablemente con frecuencia se cae en la rutina y la monotonía…, por rezar sin contemplar a María, sin concentrarse en ella, a veces distraídos.

¡Quién nos diese aquella piedad primera con la que empezamos a conocer y a rezar a la Virgen y Madre María al pie del altar! Y a mirarla a los ojos fijamente, amorosamente, con el embeleso con que la miró Catalina Labouré cuando se le apareció (Paris, 1830). Fue entonces cuando muchos aprendimos que aquella hermosa imagen blanquiazul, de rostro virginal y con manos maternales, que tanto nos atraía, era la de la Virgen Milagrosa. Luego fuimos aprendiendo muchas cosas más. Cómo, cuándo y a quién se le había aparecido, por qué se había aparecido, qué había dicho, qué mensaje había dejado…

Y realmente, cuanto más uno iba aprendiendo de Ntra. Señora de la Medalla Milagrosa más la iba queriendo y admirando. Y más iba creciendo en deseos de imitar sus virtudes, en especial su humildad y caridad, y de ponerse por entero a su disposición y de darla a conocer a todo el mundo. ¡Ella, tan bella y tan llena de gracia, la Madre de Dios! Cumplir sus deseos, tal como se los transmitió a su vidente santa Catalina, se convirtió en un título de honor, en un privilegio. Entre estos deseos, el de llevar siempre consigo y con mucha confianza la santa Medalla y el de llevar a todos los hogares la Capilla de la Milagrosa, en visita domiciliaria.

¡Cómo no llevar con orgullo esa pequeña gran medalla! La Señora la mandó acuñar como su retrato fiel. Y único, porque en ninguna otra aparición (Lourdes, Fátima, Medjigorie) encargó a sus videntes acuñar una medalla… La retrata como Ella quiso ser vista, lo que la convierte también en un catecismo mariano visual. Y encierra la gracia de una abundante bendición, la que viene significada en los haces de luces que salen de sus manos. Es además y por voluntad de San Pío X (1909) el signo de unión que asocia mundialmente a más de cien millones de católicos. ¡Cómo no recibirla y llevarla con unción y llenos de contento! ¡Dios te salve María…!

 

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Tema

¡VENGA A NOSOTROS TU REINO…!

Es la petición que rezamos en el Padrenuestro (Mt 6,10), que resume y recoge sin duda el anhelo, hecho clamor, más profundo y universal de los pueblos. Para los cristianos se trata del Reino de Dios  -(de los cielos, decían los judíos temerosos de pronunciar el sacrosanto nombre de Dios). Pero tengamos en cuenta que el Reino de Dios no es un lugar (territorio o espacio) sino la palabra con la que expresamos la relación nueva y especial que se da entre Dios y el hombre, a partir de su promesa en Jesucristo.. “Entrar en el Reino de Dios” no significa entrar en alguna parte sino entrar en una especial relación de bienaventuranza con Dios.

En el Evangelio se nos habla de dos clases de Reino de Dios: el RdD  escatológico, en el más allá, que Dios ha preparado para sus amigos y servidores (Mt 25,34). Y el Reino de Dios evangélico, que es el que Jesús ha venido a establecer y establece (Mc 1,15; Lc 17,21; Mt 12,28) y del que habla largo en las Parábolas. Lo típico del Reino evangélico es la tensión que conlleva, pues ya está entre nosotros (el principio), pero todavía no (el final)… Y la violencia que hay que hacer(se) para anticipar aquí y ahora (con nuestro esfuerzo) cuanto de bueno esperamos alcanzar en el cielo (la unidad, la paz, la fraternidad, la felicidad, etc.)

En relación con esta tensión (autoviolencia la llama Jesús (Mt 11,12), quiero presentar dos paradigmas muy cercanos a nosotros, grandes exponentes del Reino y guías en la construcción del mismo. Son María Reina del Mundo (la Virgen del Globo, la llama gráficamente el pueblo) y San Vicente de Paul.

María Reina del Mundo, muy pocos saben que es la misma Virgen de la Medalla Milagrosa, en la primera fase sus apariciones a Sta. Catalina Laboure (Paris, 27 de Noviembre de 1830). Es como primero se le apareció, como Madre Reina del Mundo, sosteniendo en sus manos el mundo en la forma de un globo, que luego ofrece a Dios. Sólo después esas manos se abajan y extienden sobre los hombres, luminosas y colmadas de gracias. Ofrecerle a Dios el mundo (las realidades temporales) y ponerlo como escabel de sus pies (a su servicio), es lo que Cristo Rey nos pide hacer, especialmente a los laicos, que celebran hoy su Día.

En relación con San Vicente de Paul, su imagen de apóstol de los pobres, es un referente de lo que tenemos que hacer por Jesucristo y por su Reino y de cómo hay que hacerlo. Siguiendo su ejemplo, lo que hay que hacer es evangelizar a los pobres, yendo en su busca, para ayudarlos a salir de su pobreza (toda clase de pobrezas). ¿Cómo…? Con un servicio directo, concreto y personal; con afecto y efecto; con organización y promoción, con perseverancia y en colaboración con otros… Hay que amar y servir a Dios con el sudor de la frente y el cansancio de los músculos, decía.

El Reino de Dios entre nosotros será su reinado si, como San Vicente de Paul, trabajamos por cambiar nuestro entorno y si, como María Reina, le ofrecemos a Dios este entorno cambiado y el mundo, como escabel de sus pies.


Archivo de la Hoja Parroquial

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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 503
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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 500
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 499
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 497
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 496
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 495
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 493
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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
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