Hoja Parroquial - Encuentro Nº 460

08/01/14
Carta del Párroco
COMENTARIO AL EVAGELIO DEL DOMINGO 12

El evangelio de hoy (Mt 3, 13-17) lleva como título “Jesús recibe el bautismo de Juan”, cuando debiera ser la “teofanía de Jesús en el Jordán”. Teofanía o revelación por parte de Dios, manifestando que Jesús es su Hijo. Y en el Jordán, porque es el lugar que Dios escogió para esta epifanía. Epifanías mostrando a Jesús como Dios, las hubo antes  -(el canto de los ángeles en su nacimiento (Lc 2, 9+); la estrella que guía a los Reyes hasta Jesús (Mt 2,1+)- y las habrá después (las Bodas de Caná (Jn 2, 1+); la Transfiguración del Señor (Mt 17, 5). Pero la más importante de todas es ésta en el Jordán. Es tan importante que, como muy pocas veces, la recogen los cuatro evangelistas (Mt 3, 13+; Mc 1,9+; Lc 3,21+ y Jn 1, 29+). Por algo será.

Digamos que el acontecimiento es importante 1. porque es el mismo Padre Dios en persona quien se hace presente para decir a todos que Jesucristo es su Hijo, el Amado, el Elegido; 2. Porque Dios se presenta como Trinidad de Personas no obstante ser un solo Dios. En efecto, tenemos al Padre, que habla de su Hijo, y al Espíritu Santo que, en forma de paloma, se posa en y unge a Jesús (Lc 4, 18); y 3. Porque señala el inicio sin retorno de la misión de Jesús. Así lo reconocen los evangelistas que hacen partir de este acontecimiento el ministerio público de Jesús. Digamos de paso que el hecho del bautismo de Jesús por Juan tiene sólo una importancia relativa: en cuanto que es la circunstancia, que Dios aprovechó para su epifanía y en cuanto que es un referente del bautismo que nos trajo Jesús: en el espíritu santo y el fuego (Mt 3, 11) o en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19)

Para Jesús la epifanía en el Jordán es mucho más dinámica que lo que parece. Mucho más que una mera aunque transcendente proclamación de Dios sobre Sí mismo (que es Trinidad) y sobre Jesús (que es su Hijo). Lo que ahí y en ese momento pasa, pone en acción imparable a Jesús que se deja llevar por el Espíritu al Desierto, a Judea, a Galilea…, actuando como el misionero (enviado) del Padre para evangelizar a los pobres (4, 14-21). Digamos que en la vida ministerial de Jesús el Cristo (el Mesías), todo empezó en el Jordán, en el nombre del Padre y por la acción del Espíritu Santo. Buen recordatorio y estímulo para nosotros, que en el bautismo tuvimos nuestra propia epifanía y el Espíritu  entró de protagonista en nuestras vidas.

Sólo nos falta imitar a Jesús y hacer lo que Él hizo, de palabra y de obra. Ante todo tomar conciencia y sentirnos orgullosos de nuestra condición de hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y templos vivos del Espíritu Santo. Luego tomar conciencia y sentirnos orgullos de pertenecer y participar en la Iglesia. Frecuentar la eucaristía y familiarizarnos con la Palabra de Dios. Pasar haciendo bien el bien y optando siempre por los pobres. Trabajar en paz y por la paz, desde la justicia y para la solidaridad. Vivir en comunión con todos y construir comunidad con algunos… Estas y otras muchas cosas podremos hacerlas si, como Jesús, nos sentimos y actuamos como hijos de Dios, dejándonos conducir por su Espíritu. Disculpe, pero no hay contenido en esta categoria.

Tema

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                                                                    NUESTRO BAUTISMO

El bautismo de Jesús por Juan (Lc 3,15-16. 21-22), nos da pie para hablar del bautismo que trajo Jesús. Y que es en el que ustedes yo hemos sido bautizados. Un bautismo en el fuego del Espíritu Santo, como lo describirá Juan, cuyo bautizo de conversión y reclutamiento por el agua, con ser importante, no es ni sombra del de Jesús. Por decir algo, no perdona los pecados ni hace hijos de Dios. Además así lo reconoció el mismo Juan (Lc 3, 16), cuyos discípulos se llenaron de envidia cuando Jesús empezó a bautizar y toda la gente se iba con él (Jn 3,26).

Siguiendo lo que Jesús enseñó a Nicodemo (Jn 3, 5), solemos decir que el bautismo es un sacramento, que, por medio del agua y del Espíritu Santo, nos hace nacer a la vida de Dios. El Padre,  de quien nos hacemos hijos adoptivos por el bautismo, y el Hijo, que se convierte en nuestro hermano mayor, nos hacen participar en su vida divina por medio del Espíritu Santo, que es el protagonista de nuestro bautismo y de todo en nuestra vida. A la gente le cuesta entender que el agua, aunque imprescindible para el bautizo, no hace nada, que está ahí sólo como un signo. Sólo para indicar que el Espíritu Santo hace en la persona de quien se bautiza lo que el agua hace en la naturaleza, a saber, que limpia y da vida. (¡Nuestra costa sería un vergel si tuviera agua!).

El Espíritu limpia del pecado original y da la vida de Dios. Esto último  -la vida divina que recibe el bautizado-, se realiza cuando el bautizante invoca al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al derramar el agua sobre el niño o el adulto. Por esta invocación, que a algunos cristianos les suena a fórmula mágica, como un abra cadabra del bautismo, el Padre Dios adopta como hijo suyo al bautizado, el Hijo lo llama su hermano y el Espíritu Santo entra en él, lo unge con su amor y le ayuda a que ambas cosas -(ser hermano de Jesucristo y templo vivo del Espíritu)-  sean una realidad. En especial, que sea un buen cristiano, con Cristo como fuente e instrumento.

Ser cristiano es ser de Cristo (Ga 3, 29; Col 2,12), como ser peruano es ser del Perú. Con todos sus derechos, obligaciones y funciones. Entre estas últimas, las de ser, ante todo, sacerdote, profeta y rey, que le vienen al bautizado por ser otro Cristo, que fue sacerdote, profeta y rey. Y que le fueron dadas para ejercerlas al modo de Jesús: ofreciendo a Dios cuanto hacemos (es lo que hace el sacerdote) y enseñando y guiando por el buen camino (es lo que hacen el profeta y el rey).

Recordemos frecuentemente que somos bautizados y preguntémonos también frecuentemente si actuamos como tales, es decir, como sacerdotes, profetas y reyes. Iremos logrando todo esto si nos hacemos la costumbre de celebrar cada año nuestro cumplebautismo así como celebramos el cumpleaños. Con el Papa Francisco, les invito a ello. Lo primero que tendremos que hacer, si no la sabemos, es averiguar y memorizar la fecha en que nos bautizaron. Y estar atentos a la fecha, para que no se nos pase como hasta ahora, sino que la celebremos dando gracias a Dios con todos los nuestros.

Archivo de la Hoja Parroquial

A continuación el archivo con los números anteriores de la Hoja Parroquial Encuentro

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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 500
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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 497
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 496
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 495
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 493
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 494
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
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