Hoja Parroquial - Encuentro Nº 430

12/06/13
Carta del Párroco
Queridos amigos

El evangelio de Lucas (7,36-8,3) nos cuenta la acogida que dan a Jesús un fariseo llamado Simón y una mujer NN de mala vida. Nos cuenta también la reacción de Jesús frente a la acogida de cada uno. Ambas cosas son muy ilustrativas y de aplicación múltiple. Es aplicable, por ejemplo, a la acogida que damos a la gente y a la acogida que damos al Señor, por ejemplo al recibirlo en la comunión. El evangelio nos habla también: 1. del poder divino que Jesús tiene y usa para perdonar los pecados; 2. de la predicación itinerante que hace yendo de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo; y 3. del grupo fiel de mujeres importantes que le acompañan -(cita a 3 por su nombre)- y le ayudan con sus bienes. Es una pena que no haya espacio para comentar cosas tan interesantes.

La acogida que da Simón a Jesús es formal, interesada y mezquina. La de la pecadora, es cordial, entusiasta y generosa. Sin duda los dos han oído hablar de Jesús y han hecho lo imposible para estar con Él. Pero la razón que tiene cada uno y la manera en que lo trata son muy diferentes, así como es muy diferente el amor que le tienen. El fariseo no muestra ninguna simpatía por Jesús; todo lo contrario, y tanto que uno se pregunta por y para qué le invitó a su casa. La mujer en cambio es apasionada y pone su pasión en cuanto hace por Jesús. Se ve que lo quiere y que le está muy agradecida, tanto que no sabe qué más hacer por Él: llora sobre sus pies, los besa con amor, los unge con valioso perfume y se los seca con sus cabellos…

La reacción de Jesús en cada caso es también totalmente distinta y franca. Llama la atención al fariseo, que se ha portado como un malcriado y un malpensado, y alaba y bendecir a la mujer que se ha portado bien y ha pensado lo mejor de Él. Dándonos ejemplo, Jesús hará todo esto con prudencia y caridad, mediante una breve parábola que inventa para el caso y que les invito a releer (Lc 7, 41-47). La parábola termina con una pregunta inquietante, que el mismo Jesús responde, pero cuyo sentido (se refiere a la pecadora), los exégetas aún siguen analizando. Para nosotros, la respuesta de Jesús es consoladora y clara: Dios perdona mucho a quien ama mucho; y perdona poco a quien ama poco. Acto seguido y escandalizando (sic) a los fariseos presentes (y futuros), perdonó a la mujer. Vete en paz, le dijo después.

Aplicando todo esto a quienes, en el trato con la gente y/o en la eucaristía, acogen a Jesús en sus vidas, vemos que hay también dos clases de cristianos. Los que se parecen más al fariseo Simón: hacen el bien a medias y/o comulgan por cumplir, casi como una rutina o un deber, regateándole al Señor tiempo y cariño, pues llegan tarde y se van antes de terminar la misa. Y los que se parecen más a la mujer: comulgan apasionadamente y todo les parece poco para agradar a su Señor… Para ellos el amor es razón, forma y medida de todo. Que sea así para nosotros.
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CON AMOR Y GRATITUD: ¡FELICIDADES PAPAS!

Así con mayúsculas y de todo corazón, deseándoles que pasen un hermoso e inolvidable Día del Padre con los suyos. Desde estas líneas me uno a los homenajes y agasajos de quienes celebran a sus papás vivos. Me uno también a los recuerdos y las oraciones de quienes los lloran muertos. Para los papás primerizos y para los papás ya abuelos de muchos nietos, mi admiración, mi cariño y mi aplauso, por lo que ustedes son y representan. Y mis bendiciones.

Como decimos del Día de la Madre, si el Día del Padre no existiera  (existe desde el 19.06.1924)- , habría que inventarlo, pues es justo y aún necesario recordar y celebrar su figura y lo que representa. Sobre todo en nuestros días, en los que, por diferentes circunstancias, parece tan difícil ser padre. ¿O no…? Se impone dar la bienvenida a cuanto ayude a poner muy en alto la importancia, la grandeza y la dignidad de ser padres. Para que ellos sientan el orgullo de serlo y retomen con responsabilidad la jerarquía de su posición en la familia. Y para que, sobre todo los hijos, brinden a sus padres el respeto, el amor y la ayuda debidos.

Por donde se la mire, la figura del padre es estupenda. Biológicamente como progenitor responsable de hijos; socialmente como generador de familia, que es la célula básica de la sociedad; humanamente como cifra de virtudes, que van desde el amor hasta la corrección oportuna y eficaz; cristianamente como imagen del Padre Dios, a quien representa y de quien recibe el ser padre en todos los sentidos… Podría seguir, pero prefiero detenerme en esta dimensión religiosa y, en nuestro caso, cristiana del padre.

Para Jesús la grandeza del padre está justamente en ser imagen y semejanza del Padre Dios, como un reflejo Suyo. Tanto es así que El, que llamó a Dios Padre suyo y que vino a revelarnos cuánto nos ama el Padre Dios, dijo con firmeza que si un hombre no sabe o no quiere reflejar la paternidad de Dios en su vida de padre, mejor no se llame ni se haga llamar padre (Mt. 23,9). (Entre paréntesis, es así como ha de entenderse ese texto, que lleva a tantos a la confusión).

Al revestirlo de tan gran dignidad, Dios puso en él todo aquello que habría de permitirle realizar su vocación y misión de ser padre reflejando al Padre Dios. Puso en él, por ejemplo, el ser líder haciendo de la autoridad un servicio, el ser fuerte y tenaz para inspirar y dar seguridad y protección a la prole, el ser firme con bondad, callado en el amor y en el dolor, comprensivo y conciliador, responsable, emprendedor y eficaz. No sólo esto, aunque en sí ya parezca exagerado. Quiso además que los hijos que honren a su padre tengan las mejores bendiciones (Deut 5,16). Y que sepan que  castiga con la muerte al hijo que lo maldiga (Lev 20,9). En Mt. 15,3-9, Jesús reafirma la transcendencia del 4º mandamiento y la necesidad de ver a Dios como Padre, de quien procede toda paternidad en la tierra.

FRASES SOBRE EL PADRE
No hay palabra ni pincel que puedan expresar el amor ni el dolor de un padre (. Mateo Alemán
Como es el padre así es el hijo. No creo que haya necesidad más grande en la niñez que la de la contar con la protección de un padre (Sigmund Freud).  Un padre vale por cien maestros. (George Herbert). Nada hay más hermoso que un padre que se hace amigo de sus hijos, cuando éstos llegan a perderle el temor, pero no el respeto (José Ingenieros)

Archivo de la Hoja Parroquial

A continuación el archivo con los números anteriores de la Hoja Parroquial Encuentro

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Hoja Parroquial - Encuentro Nº 503
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 501
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 500
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 499
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 497
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 496
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 495
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 493
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 494
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
Hoja Parroquial - Encuentro Nº 200
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